Nunca hay un recuerdo tan doloroso como el momento presente. Es lo que he aprendido tras meses recuerdos magnificados. Él se marchó y fue tan terrible. Creí que no me sobrepondría. Escuchaba su risa en cada esquina, aún sentía el tacto cálido de su mano sobre mi espalda. Quería tenerlo, abrazarlo, sentirlo de nuevo junto a mi; y sólo quedaba el aire. Durante semanas no pude dejar de pensar en él: qué haría, con quién estaría, ¿se sentiría tan mal como yo? No paraba de acordarme de todos los momentos que vivimos juntos. Convertí cada mínimo detalle en un momento épico. Deformé la realidad. Y eso me hizo tan, tan desgraciada. Pero la herida se fue cerrando. Cada noche pensaba menos en él, cada día se parecía más a la rutina de siempre. Ya no escuchaba su voz en mi cabeza, ya no añoraba su olor. Y empecé a sentir dolor porque dejaba de dolerme su ausencia. ¿Tan poco había significado? ¿Tan pronto arrasa el olvido una mente? Nadie se toma en serio un amor de verano, pero ¿tan fríos somos como para dejarlo atrás sin una mirada? ¿tan calculados son los besos? He llorado su pérdida, sí. Sin embargo, lo que más me hirió por dentro no fue su ausencia en mi vida, sino aquel momento de valiente despedida en la que, con los ojos vidriosos susurramos un adiós quedo, y nos separamos resistiendo el impulso de mirar atrás; porque así era como debía ser. En mi interior pensé “oh, Dios, como te echo en falta”, y supe que, pasara lo que pasase, nunca sentiría lo mismo que en aquel momento, mientras escuchaba el eco de sus pasos alejándose.
>>No guardé nada para recordarlo. Supuse que no haría falta, aunque ya no estoy tan segura. Su recuerdo se difumina. ¡Qué frágil es la memoria! ¡Qué corta la vida! ¡Qué estúpido el corazón! Cada vez hay menos cosas que me hagan evocar su imagen. La playa en la que solíamos tumbarnos está llena de nuevas vivencias, los atardeceres de verano se han convertido en apáticos crepúsculos otoñales. Sin embargo, me niego a perder lo poco que me queda de él: los momentos que compartimos. Porque, como dijo Shakespeare “Guardar algo para recordarlo sería admitir que lo puedo olvidar”.<<
>>Y aunque el sol se rompa en mil pedazos y no vuelva a ver otro atardecer, lo guardaré, todo él, en mi corazón.<<

P R E C I O S A entrada...
ResponderEliminarme encanta como lo has descrito todo; porque es exactamente así; así es como sucede.
esos amores son los mejores: sólo hay momentos buenos y especiales. no hay tiempo a que la llama de apague; al contrario, hay pasión...
y sí, la despedida es muy dura, durísima. pero quien sabe si al verano que viene...
te felicito por esta publicación :)